Así entiendo a Dios

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Ocurrió hace un par de semanas mientras iba manejando y de pronto en la radio sonó My Sweet Lord de George Harrison. Entonces mágicamente todas las ideas que desde hace días traía revoloteando en la mente tomaron forma.

Quiero empezar este texto diciendo que soy católico. Si bien no soy tan devoto ni voy cada semana a la Iglesia, si rezo de vez en cuando y trato de seguir los preceptos que corresponden a mi fe. Respeto profundamente otras ideologías y creencias, y desde siempre he sentido una atracción especial hacia los temas de la relación del hombre con la divinidad.

Todas las culturas antiguas me seducen precisamente por sus narraciones y mitos referentes a sus deidades. Lo mismo ocurre con las religiones “más modernas”. Por ello, desde muy joven comencé a preguntarme cosas cómo:

¿Quién es verdaderamente Dios?; o ¿a quién darle más validez como Ser Supremo? ¿a Mahoma, Jehová, Alá o Krishna?; ¿por qué pensar que el Dios en el que creemos es el verdadero y no el de otra religión?

Igual o más inquietante son las divinidades inferiores o subsecuentes como vírgenes, santos, profetas y reencarnaciones que se derivan de los diversos cultos del mundo.

Supongo que todos nos hemos hecho estas preguntas alguna vez. Sin embargo, en mi caso estas interrogantes se me han presentado últimamente con mayor frecuencia: Hace unos días tuve que confesarme pues fui padrino de una Primera Comunión; estoy leyendo una novela que ocurre en el Medio Oriente y retrata las creencias de los árabes y los judíos; mi hermana viajó hace unos meses a la India (hasta me trajo unas lágrimas de Shiva) y está tomando varios cursos sobre el Hinduismo, en mi calle viven unos santeros que van y tiran gallinas muertas al parque de la esquina; no hace mucho me pasé más de 10 minutos mirando absorto e impresionado la enorme escultura de Tláloc afuera del Museo de Antropología e Historia, etc.

Todas mis dudas respecto a la religión encontraron su lógica mientras escuchaba My Sweet Lord. O bueno, más bien me confirmó lo que ya sabía: Vivimos rodeados de milagros todo el tiempo, de un todo que comprende a los elementos de la naturaleza, a las plantas, los animales, las personas. Por la rutina no nos damos cuenta de estos regalos, pero basta con salir y mirar el entorno para percibir que todo es una sinfonía perfecta.

El párrafo anterior puede parecer demasiado denso o fantasioso, pero creo sinceramente que así es. Desde hace mucho estoy convencido de la existencia de un ser supremo, de una divinidad superior bajo la que opera el universo mismo. No importa el nombre que se le dé, o el sitio del mundo donde nazca cada culto.

Mi teoría es que desde la antigüedad todos venimos hablando de varias versiones de Dios sin ser capaces de entender que en realidad nos referimos a una presencia superior que en un ciclo perfecto viene acompañando a la humanidad desde el principio de los tiempos. Las variaciones en el culto a este Dios único, son dadas por épocas y sitios geográficos distintos, pero al final, la inmensa mayoría de las religiones y cultos hablan de lo mismo: Debemos ser buenos con el prójimo y abrazarnos a ese Ser lleno de amor para alcanzar la santidad. Podrán cambiar las formas de culto pero no este mensaje.

Hace ya varios años una persona muy cercana a mi soñó con otra persona (también muy cercana) que había muerto recientemente. En su diálogo la segunda persona le comentó a la primera: “Dios existe y es mucho más grande y perfecto de lo que imaginamos”.

No puedo decir que mi punto de vista sea el real, pues en cuanto a cuestiones de Fe la verdad siempre será relativa. Sin embargo, pensar que bajo este orden opera la vida me da tranquilidad.

Y así es mi relación con el Dios en el que creo, al que considero una fuerza enorme que opera desde el sentido mas básico del amor y por el cual se rige todo. Puedo hablar con él rezando, meditando, diciendo mantras o simplemente viendo un atardecer, riendo con los amigos o abrazando a mi perro. Al final es todo y nada, un equilibro perfecto sin el cuál nada tendría sentido.

Para finalizar, encontré este fragmento de un capítulo de Los Caballeros del Zodiaco. Me movió mucho cuando lo ví por primera vez, y ahora viene mucho a colación. Si nunca vieron la serie no importa, creo que tiene varios mensajes y puntos de vista a los que debemos ponerle atención:

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