Nomás por cotorrear bajé la app Sarahah, y esto fue lo que pasó…

Bajé la app Sarahah, y esto fue lo que pasó

No le digan a nadie, pero uno de mis propósitos ahora que estoy en mis treinta, es seguir siendo un chavo de onda y estar actualizado con respecto a las novedades del mundo digital. Por eso, ahora que a nivel mundial estalló la fiebre por la polémica aplicación Sarahah, OBVIAMENTE tenía que probarla.

Como seguramente hay lectores que no tienen ni la menor idea de lo qué estoy hablando, les explico:

Sarahah es una aplicación inventada en Arabia Saudita. Originalmente estaba orientada a los godínez de por allá y su objetivo era simple: Permitirle a los trabajadores hacerle llegar comentarios constructivos o sugerencias a sus jefes y colegas, pero de forma anónima, eliminando así la pena o el temor que provoca dirigirse a un superior. De hecho, la palabra Sarahah en árabe significa “honestidad y franqueza”.

Al principio esta aplicación funcionó bastante bien a nivel local, pero todo cambió cuando se lanzó la versión en inglés y comenzó a ser usada de forma masiva por jóvenes y adolescentes. El anonimato hizo que surgieran varios casos de bullying, mismos que se han ido multiplicando conforme la aplicación se vuelve más famosa.

Y ahí es donde entro yo, que aunque no estoy tan joven sí me gusta subirme al tren del mame estar al tanto de este tipo de fenómenos y por eso bajé la aplicación nomás pa’ ver qué pasaba. En un par de minutos instalé Sarahah en mi teléfono, me di de alta y mandé un par de mensajes en mis redes sociales y…

… no pasó gran cosa…

… o más bien no pasó nada.

Rafita Gorgory Sarahah

Supuse que el silencio o falta de interacción era porque ninguno de mis contactos se había dado de alta o no estaban al tanto de ella, pero de pronto, ¡oh milagro!, recibí mi primer respuesta.

¿Qué opinarán los demás de mí? ¿Qué no se atreven a decirme en persona? ¿Les pareceré interesante? ¿Habrá alguien enamorada o enamorado de mí en secreto? Todas estas ideas comenzaron a rondar en mi cabeza, hasta que vi el mensaje:

Mensaje Sarahah aplicación

Chale. Ya se imaginarán lo realizado que me sentí.

– Bueno, ya vendrán otros comentarios. Pensé.

Pero no llegó nada. Toda la tarde me quedé como novia de pueblo, mirando constantemente el teléfono con la ilusión de recibir algún mensaje constructivo que me hiciera una mejor persona, o ya de perdida otro insulto, que para como iban las cosas era mejor que la indiferencia.

Para matar el aburrimiento pensé en ponerme a repartir odio a diestra y siniestra entre usuarios al azar. Al principio la idea me pareció emocionante pero a los pocos minutos me sentí culpable tan sólo por habérmelo plantado, y no sólo eso, sino que además comprendí el absurdo pero atractivo empoderamiento que da el anonimato, y lo sencillo que es volverse un troll en las redes sociales.

¿Es una aplicación peligrosa? Depende mucho de la entereza de quién reciba los mensajes, en mi caso cualquier insulto se me resbala y hasta podría parecerme divertido, pero en el caso de gente más joven y con problemas de autoestima o depresión los mensajes de odio sí pueden acarrear consecuencias más serias.

Y ya, hasta ahí mi experiencia con Sarahah. Espero que en los próximos días la cosa mejore y empiece a recibir más mensajes o sentiré que fracasé en mis intentos de volverme un rock star digital. Si alguien quiere decirme mis verdades (yo, como el teacher López Dóriga, aguanto vara), o cosas chidas, puede hacerlo dando clic en esta imagen:

Sarahah Gabriel Revelo

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