La triste y apestosa historia de los técnicos de Totalplay en mi casa

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Si me siguen en Twitter, seguro se enteraron que durante los últimos dos meses mi vida fue un infierno gracias a que el servicio de Totalplay (mi proveedor de cable-teléfono-internet) fue una reverenda basura.

La cosa era así, cada dos días nos quedábamos sin servicio, mentábamos madres en Twitter contra la empresa, hablábamos para reportar la falla, en unos días venían a casa, restablecían el servicio y un par de días después algo volvía a fallaba. Y así nuevamente iniciaba un ciclo sin fin (como el del Rey León, pero en gacho) donde la constante era estar en casa incomunicados y aislados del mundo.

Primero nos dijeron que “la potencia estaba elevada” (¿?); luego que la falla estaba en un conector del poste; luego que la culpa era de las reparaciones que hacían en los postes donde “sin querer” nos desconectaban. Finalmente cambiaron toda nuestra instalación de la fibra óptica y comenzamos a ver la luz (mientras escribo esto cumplimos una semana de servicio ininterrumpido).

Leído así, nuestro problema no parece la gran cosa, pero a ver, chutence varias semanas sin internet ni televisión. Para distraernos, Tania y yo tuvimos que recurrir a comprar películas piratas, o a escuchar podcasts viejos que teníamos guardados en nuestros celulares.

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Durante estos dos meses de suplicio, aprendimos una importante lección:

Lo peor de Totalplay no son las continúas fallas en su servicio, sino lo apestoso que sus técnicos dejan los baños.

Seguramente el párrafo anterior les causo confusión y quizá no lo entendieron bien. Adelante, pueden leerlo otra vez.

¿Siguen sin entender un carajo? Ok, ahí les va la explicación, durante ese período de fallas, tuvimos en casa unas 8 visitas (si no es que más) de técnicos de Totalplay de la zona. Tan continuos eran nuestros encuentros con ellos que llegó un momento en el que ya ubicábamos a la mayoría. Curiosamente, estos caballeros, además de trabajar para la misma empresa tenían algo en común: Dejar apestoso el baño… de nuestro departamento.

La primera vez que esto ocurrió coincidió precisamente con la visita del primer técnico, que en algún momento de la reparación nos pidió usar el WC. A los pocos minutos no sólo el cuarto del baño, sino gran pare de la casa, se impregnó de un olor putrefacto que nos ahogaba. Tuvimos que abrir ventanas y puertas para que circulara el aire, además de rociar aerosol con aroma brisa tropical para mitigar la radiactividad de la que éramos blanco.

El técnico se fue pero su huella de olor se quedó en casa durante varias horas. Vinieron más fallas del servicio y con ello más visitas de técnicos. Para no ir más lejos, el segundo de ellos (que no era el de la primer ocasión) hizo más o menos lo mismo: nos pidió permiso de usar el baño, entró y después huyó argumentando que debía checar algo afuera del departamento. Al poco tiempo, un olor nauseabundo comenzó a salir del baño y nuevamente tuvimos que hacer lo necesario para ventilar la casa antes de morir asfixiados.

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Esta foto fue tomada esa tarde. Aparezco con Tania y nuestro pequeño pug intentando sobrevivir.

Por supuesto, el olor en estas dos ocasiones no fue el mismo. Al parecer cada técnico de Totalplay está dotado de su propio buqué. Algunos son amargos o picosillos, otros agrios y fermentados. Sea cual sea la presentación la letalidad es la misma.

Para la tercer visita nuevamente volvió el primer técnico. Una vez más usó el baño y otra vez surgió el olor a perro muerto abandonado en terreno baldío. El técnico de la cuarta visita fue uno nuevo y también pasó al WC, presentándonos así una nueva fragancia panteonera.

Tania y yo tuvimos que aguantar estoicamente estos y otros embates. Aunque más yo, pues hubo veces en las que ella seguía en el trabajo y su servidor era el que tenía que fumarse solito los torpedos. Varías veces pensamos en negarles el acceso al excusado, pero luego recordamos que el uso del baño es como un vaso de agua : no se le niega a nadie.

Afortunadamente en ninguna de esas ocasiones se tapó el escusado, algo heroico si consideramos la intensidad de los ataques a los que estuvo sometido, ¡hasta deberíamos hacerle un homenaje!

En fin, ya estoy divagando mucho. Lo que quería decir en este post es que, si usted querido lector o lectora está pensando en contratar Totalplay, se lo piense muy bien, y no tanto por las fallas recurrentes que pueda presentar su servicio, sino por el peligro latente de que sus técnicos suelten una bomba tóxica en sus domicilios. Tania y yo aún tememos sufrir mutaciones en el futuro por la radiactividad a la que estuvimos sometidos.

Están advertidos.

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