Mi educación sentimental proviene de las caricaturas

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Desde niño fui raro. En ese entonces no me daba cuenta que, aunque tenía los mismos gustos y aficiones de mis amiguitos, solía darles un enfoque un tanto diferente. Mucho tiempo después comprendí que no es que fuera anormal o extraño, sino que simplemente era un enamoradizo prematuro.

Aunque se entiende que cada persona es diferente, normalmente, la educación sentimental comienza en la adolescencia. Sin embargo, un servidor comenzó a tener corazón de pollo desde muy tierna edad, algo que incluso, me llevó a auto medicar a unos niños en el kinder. Desconozco cuando comencé a tener noción del amor, pero tengo muy claro que fue en las caricaturas donde descubrí que el amor es capaz de mover y alterar el orden natural de las cosas. De tal modo que cuando veía Robotech, mi mayor preocupación no era que el piloto Rick Hunter combatiera con éxito a las fuerzas Zentraedi, sino que éste resolviera el triangulo amoroso que conformaba junto con la famosa cantante Minmei y la capitana Lisa Hayes (confieso que me enamoré de ella). En una de las escenas que más recuerdo, Rick vuela su nave en una pelea de proporciones épicas, mientras Minmei canta en un programa de televisión y Lisa observa con preocupación el desarrollo de la batalla. Lo que para el resto de los niños era una secuencia de acción maravillosa, para mí era un momento lleno de drama y tensión amorosa.

De la historia concisa de Robotech recuerdo muy poco, pero sus escenas románticas entraron para siempre en mi memoria. Aprendí así que la peor de las guerras no son nada si se comparan con un corazón roto. Lo mismo me pasaba con Súper Campeones, en dónde mi atención no se centraba en los goles sino en la conmovedora historia de Andy Jhonson, jugador enfermo del corazón que arriesga su vida durante varios partidos mientras su mejor amiga sufre en silencio por él.

Con Dragon Ball quedé cautivado por el extraño romance entre Vegeta y Bulma; con los Caballeros del Zódiaco siempre esperaba que algún día Seiya y Saori aceptasen sus sentimientos; y ni hablar de los coqueteos entre Gambit y Rouge en X-Men. Enumerar más ejemplos me parece ocioso y hasta infantil. Lo único que pretendo con éste post es comprender porqué soy como soy.

Quizá por eso aun soy un cursi y hasta en programas de comedia me fijo más en las historias románticas que en los chistes. Por lo anterior no es raro que hace unos años la película Wall-E me hubiera conmovido, y que gran parte de mi adolescencia y juventud la haya pasado enamorado del amor, a pesar de que entonces vivía una profunda soledad.

No sé si mi corazón se haya reducido a una pasita por usarlo desde que era tan pequeño. Tampoco sé si fui el único niño hombre al que le gustaban los balazos, la violencia y los goles, pero sólo si estos estaban motivados por la conquista de una mujer, el desamor o la pasión.

Soy Gabriel Revelo, y sin vergüenza lo reconozco, mi educación sentimental comenzó al ver caricaturas.

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