¿Reptilianos en Polanco?

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Historia así deben ocurrir en todo momento alrededor del mundo sin que la mayoría de sus protagonistas se atrevan a contarlo por miedo a ser tachados como locos o mentirosos. Lo que estoy a punto de narrar tampoco lo creería si no fuera porque le sucedió a mi propia hermana, y además los hechos fueron atestiguados por su mejor amiga.

Hace varios años escribí un post sobre mi sospecha de que los integrantes de Zoé, grupo mexicano de rock, son reptilianos. Nunca pensé que retomaría el tema, y menos para narrar algo sucedido a un ser cercano.

Para quienes no están familiarizados con el término, bien valdría la pena explicar qué es un reptiliano, tarea en sí muy compleja debido a las muchas versiones y teorías que hay al respecto. Se supone que los reptilianos son seres humanoides con rasgos de reptil (como unas lagartijotas). Se dice que aunque están en nuestro planeta desde hace cientos de años son de origen extraterrestre pues viven debajo de la tierra (en donde tienen ciudades. Si bien hay muchas razas, la mayoría son agresivas y violentas con los humanos. Estas criaturas están infiltradas en muchos gobiernos del mundo y medios de comunicación para mantener dominados a los humanos bajo un nuevo orden mundial, donde nos necesitan como alimento y fuerza de trabajo; absorben nuestros sentimientos de tristeza o desesperanza, por lo que les conviene mantenernos deprimidos y son tecnológicamente más avanzados que nosotros, aunque carecen de desarrollo espiritual, por lo que nuestra conciencia es su peor enemigo. Existe la creencia de que los reptilianos pueden leer la mente, salir a la calle y confundirse entre las personas pues usan hologramas que les dan una apariencia humana… salvo los ojos.

Sé que lo anterior suena muy fantasioso, pero es la única explicación que encuentro para entender lo que mi hermana me contó.

Era el 29 de diciembre de 2011, en el barrio de Polanco de la Ciudad de México. Cerca de las dos de la tarde Lucia salió a comer junto con su amiga Lucina y otra compañera de su trabajo. Fueron a un restaurante especializado en ensaladas. Lucina fue la última en pedir en la barra de comida mientras las otras dos se sentaron en una mesa. En eso Lucia notó que en uno de los lugares de enfrente estaba comiendo un extraño sujeto. De tez blanca, alto, delgado y canoso, este individuo llamó su atención debido a que el iris de sus ojos era de un color azul turquesa intenso y metálico, además de ser muy parecido al de los reptiles.

– Mira a ese señor de allá, es un reptiliano. Le comentó Lucia espantada a su acompañante.

En cuanto terminó de pronunciar estas palabras, el sujeto de los ojos raros volteó y las miró fijamente. La distancia entre ambas mesas era considerable, además de que había mucho ruido, por lo que resulta imposible que hubiera escuchado que hablaban de él. Mientras eran observadas, Lucia le susurró a su compañera que aquellos ojos le daban miedo. Entonces, como si el extraño las hubiera oído, sonrió malévolamente y comenzó a reír sin quitarles la vista de encima. Fue tanto el temor que ambas sintieron que decidieron salir de aquel restaurante.

Cuando Lucina recibió su comida y no vio a sus amigas salió y las encontró en la entrada del establecimiento. Le contaron y ya no quisieron volver a entrar. Antes de irse por la ventana vieron que seguían siendo observadas de forma macabra por aquel sujeto y mejor optaron por ir al parque más cercano para comer sus ensaladas y platicar un rato.

Más tarde cuando iban de regreso a su oficina, notaron que hacia ellas venían dos individuos con una pinta perturbadora. Uno de ellos, de aproximadamente unos 30 años de edad, caminaba de forma anormal, moviendo sus piernas, brazos y tronco de forma rígida, como si fuera un robot. Sus ojos eran de un color azul grisáceo claro y no tenía iris. El otro, de unos 60 años, se desplazaba de forma común pero sus ojos eran iguales a los de su acompañante, sólo que de una tonalidad un poco más obscura.

Las tres se dieron cuenta y aunque nerviosas no dejaron de avanzar. Justo a unos metros de toparse con ellos Lucia dijo: Miren, hasta caminan raro, es como si estuvieran programados. Casi en automático, los ojos de ambos seres giraron de forma rara y adoptaron la apariencia de unos ojos normales. El individuo del andar robotizado comenzó a moverse con naturalidad. Voltearon la mirada hacia Lucia y sus amigas, las vieron un segundo y siguieron su camino.

Aquella noche Lucia me contó lo sucedido. Aunque la lógica me dice que debe haber alguna explicación a lo que vivió intuyo que ese extraño fenómeno tiene alguna relación con seres no humanos. Si la hipótesis de que eran reptilianos es real ¿qué buscan en Polanco?

A menudo encuentro en la red narraciones de personas que en la calle ven a gente cuyos ojos tienen rasgos de reptil y tonalidades raras. A partir de ahora miraré los ojos de las personas con las que me encuentre, aunque no sé cómo reaccionaría si me encuentro con uno de ellos.

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